14 abr. 2008

Y CUANDO LLEGUE EL DÍA DEL ÚLTIMO VIAJE


















A. MACHADO





MI PADRE

POR JUAN SACHIS GARCÍA


“Y cuando llegue el día del último viaje. Y esté al partir la nave que nunca ha de tornar: me encontrareis a bordo ligero de equipaje. Casi desnudo, como los hijos de la mar”... Así nos abandonó mi padre esa tenebrosa noche del 10 de enero, tendido en una cama de Cuidados intensivos, cubierto únicamente por unos paños que le intentaban remitir la fiebre. De la forma que nos cuenta Machado, tan poética como igualmente triste, en uno de esos poemas que cantaba Serrat, y que sonaban continuamente en el radiocasset del RENAUL 11 en los trayectos de Valencia a Vall, para después de ser escuchados, hacernos comprender a mi hermano y a mí qué nos intentaba transmitir su autor, se encaminó a la muerte con sus ilusiones, como siempre frustradas, de poeta bohemio y de ultratumba. Ahora esas estrofas ya son parte de mi vida, pues pertenecen al recuerdo de mi padre, y a la huella que, de una u otra manera, creo que dejó en mí.

Ese día, en la desolación de la tristeza lloraron los libros de casa, sus plumas, sus cañas de pescar, sus escopetas, sus cuadernos de notas inacabados, sus ordenadores... pues nunca más serán acariciados por las manos de aquel que les dio sentido a su existencia. Los libros se amarillean y marchitan de melancolía pues nunca más serán rayados por su fiel analista, las plumas han dejado de ser tan hermosas, ya no relucen como en el pasado, las escopetas se lamentan oxidándose, los cuadernos no aceptan otra tinta que no venga de la pluma empuñada por mi padre, su ordenador no concibe que el hacedor de versos, estrofas y palabras, que el prestidigitador de cuentos y novelas con vocación de mito no pose la yema de sus blanquecinos y tiernos dedos sobre su teclado y no vaya a endulzar más la literatura. Su perra Laika lo busca infatigablemente por todos los recovecos de la casa, no entiende que no vaya a pasar más noches de vigilia en su compañía, ni ver más despuntar el alba junto a su amo, Laika no quiere creer que su partida no tenga regreso... Y hoy combate estoicamente su enfermedad hasta su último aliento y la ausencia del ser que la trajo a su hogar y que incompresiblemente un día se fue.

Propio de algún cuento suyo, mis sueños fabulan si fue el Caballero de la Blanca Luna quien disfrazándose de neumonía nos arrebató repentinamente a El Caballero de la Triste Figura, caballero de las letras, a las que tantas veces definió como Valle Inclán, “colorín, pingajo y hambre” , y a veces, como bien decía, ni tan siquiera colorín. Fue él quien derrotó su “amoroso batallar”, su locura por los libros, por los proyectos prometidos que siempre acababan maltrechos, por sus literarias utopías, y por las guerras perdidas de antemano, pues siempre fue un héroe de la derrota, fue quien le arrancó la vida pero no la honra, quien le hizo marchar sin despedida, sin justicia, porque su paso por este mundo fue desmerecido por envidias y rencores. Por eso fue incomprendido, porque fue un idealista quijotesco que nació y murió en una novela que nunca llegó a terminar de escribir. Pero como el padre que mira a su hijo en la escena final “Ladrón de Bicicletas” todavía tenía la mano cálida de nosotros, que sí le entendíamos y queríamos con todas las entrañas de nuestro ser.

El día de su sepelio, después de estar casi dos lunas sin dormir, al acostarme y cerrar mis párpados, imaginé que los dos éramos parte del poema Vencidos de León Felipe. Desde la lejanía atisbé el deambular de su triste figura, vencida, desgarbada, taciturna, cansada... como el Quijote que fue, y que fielmente representaba el vencimiento del caballero, es su otro yo, por eso encaja en todos y cada uno de los versos del hermoso poema, pues ya no alberga ilusiones, ni fantasías, ni sueños... la derrota , en esta ocasión, ha sido definitiva, y sin fuerzas y totalmente desvalido, cruza y se diluye en el crepuscular horizonte de la manchega llanura, iniciando su travesía hacia la lúgubre y mortecina obscuridad del infinito. Entonces, en ese instante, en esa hora de desaliento yo, su hijo Juan, también vencido y exhausto, soy la reencarnación del poeta que lo observa y lo ve pasar, y al igual que él, quiero compartir la solitaria amargura de su derrota, quiero ser un perdedor digno y altivo que nunca pueda ser humillado, quiero que sus heridas broten en mi cuerpo, quiero que se incruste su estigma en lo más profundo y hondo de mi alma... pero es sólo un llanto, un llanto de desesperanza al vacío, porque ya no me escucha... aunque cuando el desánimo empieza a cautivarme ante la carencia de su respuesta, una ligera brisa acompaña una tenue voz que dice: “Acaba lo que yo no pude acabar, porque la justicia póstuma también es justicia”.

La madrugada de su adiós, de vuelta a casa, mi madre vio una esfera luminosa surcar la tragedia de la noche. Era el espíritu alado que exhaló su cuerpo con un último cometido: ¡GALOPAR POR LAS TIERRAS DE ESPAÑA!, ¡cual jinete albertiano!, ¡cual caballo cuatralbo!. Bajo la luz estelar de un cometa atravesó el enigma de esa España que tanto amó y que tantas veces lo vio vagar en penumbra, esa misma tierra de España de la que ya es parte. Quiso ver por última vez su infancia en el Río Verde de Masalavés, en la Plaza de Toros portátil de Algemesí, por sus Escolapios de niñez... su madurez, por las procesiones de Semana Santa de Málaga y Cartagena que tanto le conmovían, por las imperativas llanuras de la Mancha, por las tertulias del Café Gijón de Madrid y de Els Quatre Gats de Barcelona, por toda la Andalucía mora, Granada, Córdoba, Sevilla, por las tierras celianas y valleinclanianas de Galicia, por los latifundios de Extremadura, por el vetusto Oviedo de Clarín, por el Ebro aragonés... por toda su Piel de Toro, aguardando visitar por último la Fuente Larga de Vall de Almonacid que vio crecer su literatura. Es ahora cuando entiendo su sino, como la hija de la película “El sur” que comprende el sentido de la vida de su progenitor cuando éste fenece. A ello, uno el recuerdo de una conversación pasada, de antaño:

“-¿Tú sabes por qué escribo?”.

Entonces yo le pregunté: “-¿Por qué?”.

“-Porque quiero vehementemente a España”.

Y es en este momento, a mis 30 años y medio de existencia, después de enfrentarme a la soledad del papel en blanco para escribir estas líneas y después de ver como le llegaba a mi padre “la tercera herida”, la de la muerte, tratando de encajar la embestida más dura y traicionera que me ha dado esto que llamamos vida, a la que comparo con un eterno y poético combate de boxeo, “golpe a golpe, verso a verso...” , como púgil de la vida y de la muerte que soy, aguardo irremediablemente la llegada de las tres heridas.


JUAN SANCHIS GARCÍA

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1 comentario:

Anónimo dijo...

En primer lugar, transmitir mis condolencias a la familia y amigos.
La vida es un conjunto de casualidades; y en una de ellas,
descubrí este blog.
Una grata sorpresa, por su contenido literario y por la construcción del blog; un blog creativo y bien organizado.
Leí su contenido y por extensión, todos los vínculos relacionados con él...!casualidades de la vida!
descubrí a dos escritores con talento, creatividad y habilidad literaria.
Visito el blog habitualmente, así como los artículos, relatos, etc
que el Sr. J.E. Sanchís publicó en diferentes espacios.
Todos me parecen estupendos y coincidentes con mi forma de pensar (a excepción de uno..) no soy aficionado a la tauromaquia..; pero como dijo Joselín de Ubrique: “donde esté una buena división de opiniones, que se quiten los triunfos clamorosos”...sic.
A usted, Sra. Salut Navarro, felicitarla por sus relatos llenos de humanidad, (denota gran sensibilidad).... escritos profundos, poéticos y bien estructurados.
Coincido con la opinión vertida en diferentes links; si existe la posibilidad de publicar un libro de ambos...sin duda, se debería publicar , sería una gran aportación al mundo literario, a ese mundo al que le sobran tantos "Planetas" mediocres.


Entre café y café,SI, seguiré visitando el blog.

Saludos
A.JE.O.