22 may. 2009

ANA MARÍA
























Tiene Ana María una mirada que ya está de vuelta. Sus ojos, paseando los años, se dirigen instintivamente hacia lo real, al detalle humano libre de hipocresía.

Ana está radiante, dedicando y compartiendo su última obra en la Feria del Libro de Valencia. Serenamente, muestra el rostro que la vida ha labrado a golpe de afectos, –traducidos en espléndidas obras maestras– embelleciéndola más todavía.

Su talento como escritora fue reconocido desde su juventud. El largo recorrido ha demostrado que es única y que su grandeza reside en la humildad.


El magnetismo que desprende me captura de inmediato. Mi pequeño acompañante la observa inusualmente tímido, “¿Quieres darle un beso? Es amiga de mamá” –con intención de ahuyentar la extraña timidez–. Ya no titubea, resuelto se aproxima y Ana seduce a la ternura.


Queda impresa la imagen en el corazón.


Ana María Matute se resume en magia.



Me alejo emocionada con su manita entre las mías, pregunto retóricamente y en voz alta, “¿Sabes hijo a quién has besado?”. Una voz segura me responde, “Claro. A tu amiga”.




Salut Navarro Girbés

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