10 ago. 2009

ROSAS ROJAS
















Injertaste cuatro rosas rojas en mi corazón de niña,
con tus manos creadoras.

Florecieron como brota la sangre de la herida del toro,
roja y furiosa.

Hoy las rosas oscurecen agónicas bajando la mirada,
susurrando una gota.

Replegándose sin sentido, sin color, sin sentir pasión,
sin olor, sin ser rosas.

Mutando sus pétalos en alambres siniestros, herrumbrosos,
fríos como la espada prendida del toro.



SALUT NAVARRO GIRBÉS

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