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1 ago 2010

Serás amor la última tiniebla















HELGUERA




AUTOR: JUAN EMILIO SANCHIS GIRBÉS
RESERVADOS TODOS LOS DERECHOS DEL AUTOR




No hay nada qué inventar, todo está escrito, cerremos pues el círculo vital.


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En la tiniebla vivo tu ser más alejado.
En la tiniebla duermen las razones profundas de mi muerte.
Ya no me queda luz
ni días azules de la infancia,
tan sólo me queda en el bolsillo la embriaguez de tu aroma en el estribo del adiós.
Porque tú sola sabes la soledad del mar entre mis mares.
Quizás tus tempestades eran mías cuando la misma mar era una nave anclada en el pasado.
Mi voz se quedó entonces ahogada en el torbellino de espumas que es tu alma,
en la carne mortal que yo moría,
porque siempre he vivido varias muertes
y sólo alcanzo a ver tu entraña en la difusa tiniebla del destino.
Pendiente abajo rueda mi cuerpo trasnochado:
se emborrachó de ti en el tiempo ahogado de tu ser,
en la duermevela de tu albor… que es de mi desvelo.
Lo sabes ya de antiguo:
el mar te espera siempre,
la mar me espera a mí
por la necesidad vital del sexo intersentido
para ayuntarnos en el silencio, sagrado y abisal, que viene a ser la quimera de mí con tu tiniebla.



AUTOR: JUAN EMILIO SANCHIS GIRBÉS
RESERVADOS TODOS LOS DERECHOS DEL AUTOR


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6 feb 2009

Aquella tarde triste en que el Viento te buscaba...





















VINCENT VAN GOGH



AUTOR: JUAN EMILIO SANCHIS GIRBÉS
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Aquella tarde triste en que el Viento te buscaba...

... amagaban tus recuerdos por allí donde estuviste siendo niña, por allí donde la colegiala fue perversa soñando que vivir era otra cosa...

Aquella tarde triste de los puntos cardinales de la rosa que tú esgrimes siendo buena, faltaban Norte y Sur, porque naciste de la historia de un naufragio y dormías sin soñar, y sin dormir, por el Levante, como diciendo que todo quedaba descubierto más allá de la niña y de la extraña virtud que guardaba su misterio en la ensimismada agua de la alberca.

Aquella tarde triste, te buscaba el viento en desespero cuando daban las seis y media sin retorno, cuando la luz declinaba en un instante en que ya no quedaba nada por vender: sólo el futuro, el extraño futuro que se cumple cual mecánica de Dios para estos casos. Todo ocurre. Todo pasa. Todo sucede. Pero el viento aquella tarde estaba loco y galopaba desbocado hacia la nada. El sol parecía como hastiado de ser sol y de dar vida. El sol, por no querer, ni tan siquiera quería contar los muertos de aquel día.

...Y el viento recitaba mi pasado anterior a tus ausencias, me contaba los motivos de la niña, de la calle, y del piano; de la libertad, del libre camino y de los toros que murieron sin saber que eran espectros totémicos del viento. Y tú no estabas, ya te digo... Tú faltabas en la brega angular y singular, como la piedra donde se forjaron el presente y sus entornos.

Aquella tarde triste, cuando el viento gemía las palabras inútiles que no decían nada, las palabras sabedoras del dolor, del veneno y la quimera, escondías tu mirada mientras Dios, y yo mismo, disfrazado de Cualquiera, batíamos los adoquines embriagados del perfume de tu ser y de tu sexo. Porque era reciente la pista de tus ojos perdidos en la locura embriagadora del ocaso.

Así llegó la noche, con el aire abatido, exangüe, derrotado, recorriendo el Laberinto del Deseo que hoy se sacia en el licor de tu recuerdo. Medio folio lleva el mistral de la amargura, camino del camino que tú esgrimes. Tortuoso, estrafalario, quizá absurdo, como el meandro del río que nos lleva por el adiós baldío del desierto.

Porque te lo digo con certeza: vendrán los días tristes y tristísimos, los días en que la tristeza del viento compungido será feliz como medida del hombre en cada instante... Oficio de vivir, oficio de poeta, algún día sabrás por qué Pavese murió en una cama asesinada por la vida.

“No escribiré más, un gesto”, “al final, lo más íntimamente temido, sucede siempre”. Recordarás, quizá, ya digo, aquella tarde triste en que el viento gemía y te buscaba... Y también es posible que te recuerde el Viento.



AUTOR: JUAN EMILIO SANCHIS GIRBÉS
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1 abr 2008

LA LUNA NIÑA




















Van Gogh




JUAN EMILIO SANCHIS GIRBÉS

GANADOR DEL CERTAMEN CEAM SEGORBE 98
CONSELLERIA DE BENESTAR

HOMENAJE A FEDERICO GARCÍA LORCA

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NOCHE:

¡Ay, Misterio de mi alma!,
¡ay, Misterio de la Noche!,
dile a la Niña alunada
que se vista de albahaca,
de hierba verde, de muerte,
y se desnude en Granada.
Dile que soy noche clara
...y que la noche no para.


LUNA:

Noche, quédate dormida,
que la luz que tú me mandas
envuelve las almohadas
donde la Niña se baña.


NIÑA:

¿Qué fuego tengo en la entraña
que moja mis amapolas
y enciende mis nieves blancas?
¿Qué misterio me posee
cuando sueño y vivo al alba,
cuando despierto de mí
y el viento verde me arrastra
hacia la sima profunda
donde el arlequín me aguarda?


NOCHE:

La garganta me desgrana
un rumor de Federico
con banderillas de nata
y rejones de esperanza.
La Niña es noche cerrada
con un ariete de luna
reptando las dulces savias
donde aguarda El Emplazado
y la Soledad Montoya
gitanea los gitanos.
... El jabalí se amamanta
en el río que la Niña
guarda en su colcha atigrada.


LUNA:

Ay, mi Niña enamorada
del Misterio de la Noche,
en la fragua de tu enagua,
de aguardiente desbravada,
de catarata en silencio,
de ninfa recién casada,
mañana será un ayer
que vivirás con desgana.
Piensa muy bien lo que digo,
que soy luna alucinada,
que te presto un mar de arena
para tu sal de quimera
por ver llegar el mañana.


NIÑA:

Vosotras, Luna y Negrura,
tenéis almas de luceras
y heridas de tres semanas
y verdades con tres muertes
de soledades matadas.
Pero no tenéis palabras
ni cuchillos ni algodones,
ni azúcares ni princesas,
ni celofanes de nácar,
ni trenes muertos al alba.


NOCHE:

Tengo negros de tristeza,
nuevayorkes y poetas,
y hamburguesas de tres bueyes.
con siemprevivas calladas
en las arenas de sal
de lagartos y lagartas.
Y tres balas como adelfas
en los olivares verdes
donde las cigarras cantan
las penas de tres hermanas.


LUNA:

Me llamáis Luna Lunera
y Mujer de Noche al Alba,
me llamáis Llanto de Estrella
y Sueño en la Madrugada
cuando los gallos gallean
las mentiras de la infamia,
cuando las vaquillas cantan
al gran toro de la albada
con lágrimas mermeladas.


NIÑA:

¿Quién muere en la soledad
sin soleares de virgen,
sin las farolas de nácar,
sin anís dulce en los labios...?
¿Sin los gatos del tejado,
sin caballitos de mar
sin carámbanos de estaño...?


NOCHE:

...Yo sólo cuento amoríos
con siete perros ladrando
las jaurías de la carne,
los tanguillos de la sangre
y los fandangos de espanto.


LUNA:

... Nada de nada en los cielos.
Cuando llueven golondrinas
en el mayo de las niñas,
cuando enmudecen los campos
y hierven las noches mías
cabalgando en los luceros,
soy Luna de muerte altiva.


NIÑA:

Dejadame soñar amores,
que presiento las desdichas...
Por un mal sueño de Luna,
Federico está en mi vida.
en mi vida de alunada.



JUAN EMILIO SANCHIS GIRBÉS

GANADOR DEL CERTAMEN CEAM SEGORBE 98
CONSELLERIA DE BENESTAR
HOMENAJE A FEDERICO GARCIA LORCA

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21 mar 2008

AMANECE...
























Lee Campbell


"El alba es la hora disolvente que puede con todo"
Ramón Gómez de la Serna



J. E. SANCHIS GIRBÉS

Aún no despunta el sol... Chirrían los primeros tranvías... Los funcionarios pasean a regañadientes, a sus perros felices del amanecer... Está caliente el pan en la tahona... Quizá también la hornera, hay serios indicios... Ha empezado la batalla de las ondas: La Ser y Radio Nacional contra La Cope y Onda Cero... Laika aún duerme... Todos duermen... Don Quijote se ha levantado para hacer frente a los molinos que le esperan... Y, Dulcinea dicen los cronistas que duerme en la alborada...

... Amanece, que no es poco...


J. E. SANCHIS GIRBÉS

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14 mar 2008

En el principio fueron tres raíles...



Juan Emilio Sanchis Girbés













GANADOR DEL PREMIO DE CUENTOS "MAX AUB"

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Yo para todo viaje
siempre sobre la madera
de mi vagón de tercera,
voy ligero de equipaje.

Antonio Machado




EN EL PRINCIPIO FUERON TRES RAÍLES
(1), serpenteaba airoso y no tenía nombre. Era como un infiel, devoto de quimeras. La abuela Eugenia, madre del Principio, tampoco dijo nada. Ni tan siquiera las gallinas se enteraron del asunto: conocieron el maíz, el eclipse y el cuchillo, pero ignoraron la llegada del Principio. Sin embargo, con el paso del tiempo, llegó a ser como de la familia, como un hermano, como el tercer hermano hecho tercer hombre...: ¡Tantarán, tarán, tarán! ¡Tantarán, tarán, tarán!... Y no conoció el miedo: la noche que los junquers (2) bombardearon la estación de Algemesí, anunció con demora la contraseña al centinela: En aquella esquina,/ delante del cuartel,/ bajo la farola,/ allí te esperaré...(3)


En el principio, pues, como digo, fueron tres raíles. Por favor, un café. Y el NIF a última hora. Aunque descienda el Paro y el Catastro se bata en retirada, el NIF a última hora. Después, la vía estrecha, la prima Angélica y las obscuras golondrinas fueron haciendo los veranos:


- Tío, déjame cambiar la aguja(4), que ya puedo... Tío, ¿adónde vais?
- Al Valle de los Caídos.
- Tío, ¿volverá a reír la primavera?
- ¡Y yo qué sé!...
- Tío, ¿quién le ha pegado seis tiros a la muñeca?
- ¿A qué muñeca?
- A la que está atada por el cuello a la palmera
-¡Je, je! No lo sé...
- Tío, déjame cambiar la aguja, que ya puedo.


ROSA MARI ERA UN SUEÑO, la pienso en subjuntivo y recuerdo los avisos que ahora cumplen: PASO SIN GUARDA, ATENCIÓN AL TREN... y frenaba con el pie la rueda de la bicicleta. Camino de la Tarde(5), nadábamos el Verde(6) sin saberlo; porque también el río quería ser Principio y luego fue Jarama(7). Madrid, Atocha y el chotís, sumaron dieciocho, camino de la Tarde, Rosa Mari se fue. Se fue como de emperatriz de Lavapiés. La pienso en subjuntivo y recuerdo los avisos que ahora cumplen. Debería trasladarme de Café.


EL AUTOMOTOR, los suspensos y el Plan de Desarrollo fueron las últimas competencias del Principio: “¡Estación de La Encina!”, gritó alguien. Y refulgió la aspereza de La Mancha...: ¡La Mancha! ¡Oh, La Mancha!...: Por la manchega llanura/ se vuelve a ver la figura/ de don Quijote pasar...(8)¡Pasar! ¡Pasar! ¡Oh, el pasar!...: pasar haciendo camino, camino sobre la mar(9).


-Antonio.
-Qué.
-Viene una motora.
-¡La jodimos!
-¡Vuelvan inmediatamente a la playa!
-Ya vamos, ya vamos...
-Nos van a echar los perros.
-Pedalea, que nos quedan treinta millas.
-Hoy comemos con el cura comunista.
-Pedalea, coño, pedalea.


Al cura comunista, que vivía en el barrio de Las Seiscientas(10), le traían sin cuidado las muertes de Salzillo y los redobles de tambor. Para el cura comunista, el oro únicamente debía emplearse como catalizador y hasta el Papa tenía la obligación de trabajar: Ora et labora, ésta era su regla de oro, cacofónica y letal.


El cura comunista, además, iba y venía, vestido de paisano, entre los frontispicios del TODO POR LA PATRIA, sin arriar bandera... Era sobrio, como la tundra bolchevique; sin alharacas de ningún tipo fue preparando la muerte del Principio. De un Principio que, llegado el momento, recibió de él la extremaunción, y como viático -tanto para el Principio como para el Foro en general-, le dijo: “A quien Dios se la dé, san Pedro de la bendiga”. Así murió el Principio.


EN FIN, ciento cincuenta novelistas esperan en España. Pero conste que la tienda de campaña no era nuestra, la alquilamos en Deportes Puig. La pedimos de siete plazas y luego sólo fuimos dos los acampados, los otros se rajaron. Y el tren nos mecía con vaivén monorrimo: tam, tam; tam, tam; tam, tam...


-¿Falta mucho para Segorbe?
-No, prepara las mochilas que esto ya es Soneja.La estación de Segorbe, por san Jaime, a mediodía, tenía una belleza trágica, como de far west y “yo que tú no lo haría, forastero”. La explanada, polvorienta y mortecina, de cuando en cuando se veía surcada por algún utilitario que aparecía y desaparecía, según iba afrontando los baches. Bebimos en la fuente que da a la carretera. Aún nos faltaban ocho kilómetros para Vall de Almonacid. Hacía más de un año que le había escrito a una y no supe más de ella. Paco me acompañaba por solidaridad y por ver si, de paso, caía algo.


-Ahora verás que autobús más viejo...
-¿Apunto el horario de trenes para la vuelta?
-Tampoco está de más. ¿Qué te parece si vamos andando?
-A mí me da igual, tú eres quien conoce estos territorios.
-Pues, carretera y manta.


La tienda de campaña la montamos cerca del cementerio, creo que por chulería. Nos comimos unos mendrugos con atún y nos fuimos al cine del pueblo de al lado -Algimia de Almonacid-, que echaban una de Rafael, Yo soy aquel, ya ven... Terminada la sesión, regresamos paseando por la carretera tras un grupo de chicas.



-¿Es alguna de ésas-, preguntó Paco.
-No lo sé, ahora resulta que no recuerdo su cara.
-¡Tiene cojones la cosa!
-Y tantos. Al final, fue una prima suya quien me reconoció. Elvira, la tan buscada, no me hizo el menor caso.
-Paco.
-Dime.
-Ni doña Elvira ni doña Sol ni los Infantes de Carrión.
-Eso te pasa por cabrón. -Rima en consonante.
-Esta noche hacen verbena.
-¿Y qué?
-¿Cómo que “y qué”? ¡No seas capullo! Esta noche beberemos para olvidar. Tú olvidas a ésa y yo a la hija de puta que me estará poniendo ahora los cuernos en Alberique.
-¿Y si nos diésemos por el culo?
-Calla, calla, que eso va bien para las almorranas; es mejor la puerta ancha.
-Eso digo yo también.


La verbena nunca tuvo tres raíles, pero se empeñó en ejercer de predicado. Los músicos, machaconamente, una y otra vez, interpretaban una pieza llamada Café exprés, tan asimilada por el Principio, que lo hizo resucitar. Por eso escribo ahora, con lo más vetusto que conozco, la cuaterna vía de Isabel. Para ella estos alejandrinos de Café...: Como El Amargo(11), digo, que en julio fui emplazado al hemisferio pobre del verso trasnochado. Y amargo tal cual sufro del tiempo equivocado, en la cuaderna vía serás como El Dorado.


-ISABEL, ¿dónde está el café de Juan Valdés?
-En el armario.
-¿Había pedido usted otro café?
-No, señor; el otro, en casa.


EN EL METAPRINCIPIO, las caries eran pocas, a la edad la llamaban Diecinueve y a Kundera le decían Zaragoza. En el Metaprincipio, el viento del Moncayo, como hoja de afeitar, fue segando las nieves y fue también como dejando un algo, un rastro de Sirocco, contumaz y onanista, que alimentaba el hambre. Pero la chica no entendía la grandeur y viajaba con su madre hacia la Francia, como de mala gana y con vendimia...


-El tren -dijo- sale de madrugada.
-Yo tengo que irme al cuartel de san Lamberto. A lo mejor, a la tarde ya estoy libre.


La noche que los junquers bombardearon la estación de Algemesí, el Principio anunció con demora la canción del centinela: En aquella esquina,/ delante del cuartel,/ bajo la farola,/ allí te esperaré... Y no conoció el miedo. Era como un infiel, devoto de quimeras.


BUENOS DÍAS, señor, son las siete, próxima estación, Córdoba! ¡Pruebe usted este perfume; fresco, como los jardines de Medina Azahara; seductor, como los versos del Tenorio; económico, como el aliento de las nubes!... Permítame la mano, dos gotitas y..., huela, huela...
-Lo siento, no me interesa.
-Pues entonces, le pido la voluntad para un parado, padre de seis criaturas.
-Tenga. Debería hacer rifas. En los lejanos tiempos del Principio no había viaje en tren sin su correspondiente rifa. Recordará usted aquellas tiras numeradas de papel que...
-No, señor, no las recuerdo, usted debe ser más viejo. Con Dios y muchas gracias.


CIENTO CINCUENTA NOVELISTAS ESPERAN EN ESPAÑA, Rosa Mari era un sueño, Madrid tiene seis letras, Isabel en verso alejandrino, Arturo estudia sociales y Juan dicen que destaca en literatura: ciento cincuenta y dos novelistas esperan en España. Y anda, jaleo, jaleo, qué jaleo lleva el tren. Porque en el Principio fueron tres raíles y todos los trenes del mundo pasan por Alcázar de San Juan.


-AMARGO.
-Qué
-Ayer vino María Torres
-¿Y qué quería?
-Dijo que se iba a Valencia y que volvería hoy, que fueras a recogerla a la estación, como siempre va tan cargada... El tren llega a las tres y media.


MARÍA TORRES CORAZÓN CANSADO, en las noches de invierno, al calor de la lumbre, cuenta su novela porque teme morirse sin sentido. Es decir, que María Torres del Amor República Estraperlo tiene una hija adoptiva, un hijo actor en Madrid y otro dormido en el Camposanto...:


-Después de enterrarlo, adorné la tumba con un triángulo de flores y por eso me llamaron del Ayuntamiento.
-¿Por masona?
-¡Vete a saber!... Yo era de izquierdas, miliciana, eso sí, pero qué leches sabía yo de masonerías y monsergas... Me obligaron a limpiarles los retretes a los de derechas y a que, por la noche, fuera al cementerio a quitarle las flores al chiquillo. Uno, no sé quién, me siguió de lejos aullando como un fantasma: “¡Uuuuuuuh! ¡Uuuuuuuh!”. Pero me planté y le dije: “¡Ven aquí si tienes cojones!”. Se calló y se fue.
-Aún te odian, ¿verdad?
-Tan verdad como que estamos sentados.
-¿Cuántos años tenías entonces?
- Veintitrés.


LA ESTACIÓN DE SEGORBE, a mediodía, por san Jaime, tenía una belleza trágica, como de far west y “yo que tú no lo haría, forastero”. Pero además, esta vez, los postes del tendido eléctrico, tan inclinados, parecían sustraídos de un cuadro de Porcar: el Principio era viejo y sabía ya más por viejo que por Principio. Sin embargo, como entonces, de cuando en cuando, algún utilitario se aventuraba por la explanada, y aparecía y desaparecía, según iba afrontando los baches. La fuente seguía manando las mismas aguas. El cansado Principio, como un poco resucitado, aseveró que agua pasada sí mueve molino. Como la fenecida máquina de Wat en el museo, se sentó junto a la fuente, a ver pasar los tipos y los tiempos...: Miguel Granell, de derechas, fabricante de garrotes; Claudio Almagro, teórico del anarquismo, libre y libertario, ecologista..., Abel Ramos Calvo, artesano del freno de zapata. O sea, que el Principio, sofocado por el sol, se retiró hacia el frescor de los andenes.


-¿Me da usted fuego?
-Hace un sol de justicia.
-O de injusticia...
-Eso.
Observó, desmenuzó, descuartizó... Alto, flaco, ascético.
-Tiene usted aspecto de profesor, de profesor de matemáticas antiguas, de las que se explicaban sin conjuntos, quiero decir.
-Soy profesor, pero no de matemáticas; lo mío es la religión.
-¡Vaya por Dios! -dijo el Principio- Y yo esperando a una miliciana...
-¡Qué más da! -replicó el Enigma- Mi padre fue el principal activista de la CNT en Huesca.
-Pero, ¿está usted aquí de profesor?
-No, estoy de paso: voy camino de Huesca
-Fíjese -arguyó el Principio-, hace un poco, mirando las agujas, la campana, el reloj, me he acordado de un tío mío, falangista, jefe de estación, que murió atropellado por el tren.
-¿Cómo fue? -preguntó el Enigma.
-Un día libre de servicio, cruzó, atolondrado, con la moto por un paso a nivel sin barreras que tenía, por cierto, un gran cartel que avisaba: PASO SIN GUARDA, ATENCIÓN AL TREN. Pensaba en eso y en un cuento que escribí, hace ya bastantes años, que se titulaba Un tren llamado Rocinante. Al verle a usted pasear por el andén, arriba y abajo, me he dicho: “Es como un enigma, las estaciones siempre son literatura”.
-¡Como un enigma!... Si yo le contara... Si le dijera que ayer, en Valencia, nada más salir de la estación, me atracaron unos mocosos. El más agresivo me puso la navaja en el cuello y me dijo: “Dame todo lo que lleves”. Me dejó limpio, y aún tuve que darle las gracias, pues no se me llevó el reloj porque dijo que no valía una mierda. Así, como se lo cuento. Sin embargo, lo peor es que estuve en el Arzobispado, expliqué lo que me había ocurrido y no me prestaron ni un duro; y en el de aquí, tampoco. Sólo los guardias civiles se han portado como Dios manda: me han pagado el billete y me han dado de comer.
-O sea -dijo el Principio-, que le han jodido a usted los Santos Padres.
-Efectivamente, tanto o más que los atracadores.
El Principio buscó por los bolsillos y encontró quinientas pesetas.
Y como, no es por nada, pero sabía del hambre y del desamor, quiso dárselas al Enigma, que no las aceptaba por dignidad. Mas, a la postre, recién adoctrinado en lo humano, demasiado humano, las tomó.
-Con esto puedo comprarme un bocadillo en Teruel.
-Si no tiene inconveniente, dígame usted su nombre, porque yo estas cosas las escribo y váyase a saber si algún día saldrán flamantes de la imprenta.
-¿Inconveniente? Ninguno. Me llamo Antonio Sesma Ruiz de Gordejuela, vivo en Monzón y allí me tiene usted para lo que necesite.
-Muchas gracias.
El tren hizo su entrada. El Engima se despidió algo emocionado. María Torres, rodeada de fardos, se apeó trabajosamente.
-María, ¿qué traes aquí que pesa tanto?, ¿bombas?
-Comida, hijo, comida.


EN EL PRINCIPIO, pues, como digo, fueron tres raíles, como las tres heridas del poeta: el de la vida, el del amor y el de la muerte. Serpenteaba airoso y nadie lo sabía.



(1)Los antiguos trenes eléctricos -algunos- tenían tres raíles, el central era de que tomaba una de las dos fases eléctricas.
(2)Avión trimotor alemán, muy utilizado, a pesar de ser diseñado para transporte, como bombardero.
(3)Una de las tantas letras que se han aplicado a la melodía de Lilí Marlen.
(4)Palanca que en las estaciones de ferrocarril sirve para desplazar los raíles, para que el tren tome la vía que se desee.
(5)Evocación machadiana: Yo voy soñando caminos de la tarde...
(6)Río Verde, afluente del Júcar. Alusión lorquiana.
(7)Río Jarama. Batalla del Jarama.
(8)Poema de León Felipe, Vencidos.
(9)Antonio Machado, Cantares.
(10)Barrio obrero de la ciudad de Cartagena.
(11)Alusión al Romance del Emplazado, de Federico García Lorca.
(12)Arzobispado de Segorbe-Castellón.


JUAN EMILIO SANCHIS GIRBES

GANADOR DEL CERTAMEN DE CUENTOS "MAX AUB"
"EN EL PRINCIPIO ERAN TRES RAÍLES"



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4 mar 2008

CUADERNO ROTO











SANCHIS GIRBÉS

Romper un cuaderno requiere un esfuerzo. No es fácil… Una cosa es desgarrar una cuartilla y otra un cuaderno. Solamente una vez se ama en la vida y solamente una vez lo he intentado… y logrado. Es decir, solamente una vez lo he roto, pero no del todo… Porque lo roto (como el descosido) tiene voluntad de arreglo, de pasado quimérico y morriña. En cambio, lo calcinado por el fuego se diluye en memoria y acaba por no ser ya ni recuerdo. Los escritores quemamos lo que no amamos y rompemos lo que queremos.

Enredado, pues en la red de mis tinieblas, he encontrado un cuaderno roto escrito al alimón por una Penélope en zozobra y un Ulises hastiado de los mares… ¿Quién espera a quién?... Nunca se sabrá, porque también el regreso es una espera. Una desesperada espera. Una vez yo regresé a un pueblo y quien buscaba ya no era quien buscaba, como tampoco ero yo Juan para quien esperaba. Sin embargo, éramos uno y una en el entramado de la noche. Entonces escribía la última página del cuaderno sagrado que empieza por el final, así nunca se sabe si es que ha terminado o que la historia comienza. Es lo que, de alguna manera, hacía Azorín: levantarse a las 12 de la noche para que nadie supiese si madrugaba o trasnochaba.

Pero romper un cuaderno, como digo, no es decisión apocalíptica y fatal, sino un desgarro del corazón, un infarto, una angina, una arritmia severa y asfixiante…. Nada puede compararse en su dolor a la rotura de una obra escrita en un cuaderno. Ya lo decía mi admirado maestro don Camilo: “para escribir, siempre mejor un cuaderno, porque las cuartillas se desparraman y uno puede volverse loco buscando y rebuscando”. Y así lo hizo también mi otro gran profesor, Josep Pla, en ese maravilloso Cuaderno gris, que tanto queremos los que no tenemos más que tinta entre los dedos. Y también Saramago en Lanzarote, y José Hierro en Nueva York. Hemos escrito y amado cuadernos todos los que tenemos alma de cántaro… roto… y más aún en esta fuente donde ahora abrevamos…

Porque, ya digo, en mi noche oscura de cada día voy leyendo el cuaderno roto y encontrado mientras suena, melancólica y onírica una pavana de F.T. Y porque yo sólo soy un hombre que lloró cuando se fue don José García Nieto. Un niño diluido en las páginas madre de La Estafeta Literaria, una revista asociada a mi ser, igual que el café Gijón, que metió en la médula de mi sangre el roto de mi dolor. Y se lo debo a Juan Emilio Aragonés, un hoscense de nombre hermano que yo quería mucho cuando, también yo, era aspirante al Juan Emilio Sanchis Girbés que soy ahora. Entonces escribía en unos cuadernos ferroviarios, de dos raíles, que llamaban Rubio, según fuerzo los recuerdos… Todo el saber se sabía en una enciclopedia, nada volteriana, que empezaba en Viriato y acababa con el Caudillo. Sin embargo, aprendí a leer con el Quijote y me enamoré de Dulcinea. Y desde entonces, Dulcinea…, siempre Dulcinea, siempre encantada y… creo que jamás hallada…



Ahora, pues, con la cabeza rota como un cuaderno en sí contradictorio, leo páginas de añoranza de una Lucía que se va y deja a Ulises esperando, y unos zapatos rojos de poetisa metida a prostituta por falta de un amor correspondido. El cuaderno está roto, sin rencores, como mi cabeza en la angustiosa madrugada de este día sin fin y sin apenas esperanza…, que ya lo dijo Gloria Fuertes…:

… Y tu desigual cabeza rota en trozos,
inquieto insecto bello de ala loca
cambiante mar sin fin
a veces lago
o galerna sin calma
que devora,
a capricho el balandro
del último poeta.


…Porque el último poeta ya está muerto, pero dejó un cuaderno… Y está roto.


JUAN EMILIO SANCHIS GIRBÉS

RESERVADOS TODOS LOS DERECHOS DE AUTOR

Publicado en “La Fuente Larga” 15 de Junio de 2007

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