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21 may 2008

COMPAÑERO DEL ALMA




















M. C. ESCHER








ELEGÍA

MIGUEL HERNÁNDEZ



En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
a quien tanto quería.



Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento.
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.


MIGUEL HERNÁNDEZ

20 may 2008

LÁGRIMAS DE CRISTAL























DORÉ GUSTAVE




Cómo plasmar el dolor en un trozo de papel.

Cómo calmar la angustia con un abrazo.

Cómo afrontar el miedo frente a un titán con forma de enfermedad.

Cómo contener la impotencia en estas situaciones.

Cómo superar la pérdida de un ser querido.


AUTOR: E.



Al pensar en una lágrima creemos que es un síntoma de debilidad, desconcierto, miedo o desahogo... En parte, así es porque pasamos por todas esas emociones cuando perdemos a un ser querido, muy querido como era él...


Mi retina guarda fresca la imagen de Nochebuena, su presencia en nuestra casa, inesperada o no, siempre era grata... oírle contar sus andanzas, proyectos, sueños en sí que la muerte prematura no le permitió realizar; le admiré desde el mismo momento de conocerle, me pareció un diamante sin pulir, un talento sin descubrir. Soñador con principios, con ideales, amante de la libertad... Siempre a mano, siempre servicial.


Su inesperada partida fue causa de mucho dolor, se produjo un desgarro, brutal arañazo al alma, una madrugada muy amarga que terminó con la esperanza de su recuperación... después el vacío, el dolor, tocaba moverse por inercia, sin saber muy bien como reaccionar, sin permiso propio para llorar.


Con el transcurrir de los días, momentos, secuencias, sonidos, todavía resuena en mi mente, su ausencia... me sacude y a veces, en soledad el dolor retoma el cauce de las lágrimas, sin más, un llanto vacío, su muerte es injusta por Él, por su familia y su hermano... Yo contaba siempre con él... Su ausencia me ha dejado huérfana en cierto modo, solo las lágrimas ahogadas, calladas, prohibidas, a veces van cediendo paso a los recuerdos que arrancan una leve sonrisa... con la mirada triste, perdida en el vacío, buscando un por qué… recordando cómo era Él, y entonces comprendo...


Una lágrima no es síntoma de debilidad, siendo suave da salida a la amargura del dolor, la impotencia, la confusión, el desasosiego, la angustia y el miedo.


Con suavidad esas lágrimas nos consuelan más que mil palabras, en nuestra más estricta intimidad son necesarias, son la evidencia física de afrontar la situación. El llanto da paso a una mayor serenidad, lágrimas de cristal son las que proceden del dolor duro e intenso, las que de tanto daño se congelan.Una sola lágrima congelada puede cortar... como el hielo, nuestros sentimientos se han equipado para soportar una tristeza que aumenta con el pasar de los días, al recordar fechas concretas, cumpleaños, aniversarios etc.


No obstante el vacío que deja en nuestras vidas nada puede llenarlo, solo su recuerdo cristalino lo puede consolar, unos días duelen más que otros dichos recuerdos, de eso depende que en nuestros ojos hayan lágrimas o no.




Para un Quijote digno, valiente, aventurero que supo agarrarse a la vida como a una rosa con espinas… sufrió pero también fue un hombre pleno y muy feliz.


AUTOR: E.


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7 may 2008

LA MUJER MANCHEGA



















DULCINEA DEL TOBOSO


..."Por estos campos hubo un amor de fuego, dos ojos abrasaron un corazón manchego"...


A. MACHADO






















DON QUIJOTE DE LA MANCHA



La Mancha y sus mujeres... Argamasilla, Infantes
Esquivias, Valdepeñas. La novia de Cervantes,
y del manchego heroico, el alma y la sobrina
(el patio, la alacena, la cueva y la cocina,
la rueca y la costura, la cuna y la pitanza),
la esposa de don Diego y la madre de Panza,
la hija del ventero, y tantas como están
bajo la tierra, y tantas que son y serán
encanto de manchegos y madres de españoles
por tierras de lagares, molinos y arreboles.

Es la mujer manchega garrida y bien plantada,
muy sobre sí doncella. Perfecta de casada.

El sol de la caliente llanura vinariega
quemó su piel, mas guarda frescura de bodega
su corazón. Devota, sabe rezar con fe
para que Dios nos libre de cuanto no se ve.
Su obra es la casa -menos celada que en Sevilla,
más gineceo y menos castillo que en Castilla-.
Y es del hogar manchego la musa ordenadora;
alinea los vasares, los lienzos alcanfora;
las cuentas de la plaza anota en su diario,
cuenta garbanzos, cuenta las cuentas del rosario.

¿Hay más? Por estos campos hubo un amor de fuego,
dos ojos abrasaron un corazón manchego.

¿No tuvo en esta Mancha su cuna Dulcinea?
¿No es el Toboso patria de la mujer idea
del corazón, engendro e imán de corazones,
a quien varón no impregna y aun parirá varones?

Por esta Mancha -prados, viñedos y molinos-
que so el igual del cielo iguala sus caminos,
de cepas arrugadas en el tostado suelo
y mustios pastos como raído terciopelo;
por este seco llano de sol y lejanía,
en donde el ojo alcanza su pleno mediodía
(un diminuto bando de pájaros puntea
el índigo del cielo sobre la blanca aldea,
y allá se yergue un soto de verdes alamillos,
tras leguas y más leguas de campos amarillos),
por esta tierra, lejos del mar y la montaña,
el ancho reverbero del claro sol de España,
anduvo un pobre hidalgo ciego de amor un día
-amor nublóle el juicio: su corazón veía-.

Y tú, la cerca y lejos, por el inmenso llano
eterna compañera y estrella de Quijano,
lozana labradora fincada en tus terrones
-oh madre de manchegos y numen de visiones-,
viviste, buena Aldonza, tu vida verdadera,
cuando tu amante erguía su lanza justiciera,
y en tu casona blanca ahechando el rubio trigo.

Aquel amor de fuego era por ti y contigo.

Mujeres de la Mancha con el sagrado mote
de Dulcinea, os salve la gloria de Quijote.



ANTONIO MACHADO



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21 abr 2008

JUAN EMILIO... L´OCELL










SERÁS AMOR LA ÚLTIMA TINIEBLA


"En la tiniebla vivo tu ser más alejado.
En la tiniebla duermen las razones profundas de mi muerte.
Ya no me queda luz
ni días azules de la infancia,
tan sólo me queda en el bolsillo la embriaguez de tu aroma en el estribo del adiós.
Porque tú sola sabes la soledad del mar entre mis mares.
Quizás tus tempestades eran mías cuando la misma mar era una nave anclada en el pasado.
Mi voz se quedó entonces ahogada en el torbellino de espumas que es tu alma,
en la carne mortal que yo moría,
porque siempre he vivido varias muertes
y sólo alcanzo a ver tu entraña en la difusa tiniebla del destino"...



JUAN EMILIO SANCHIS GIRBÉS

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DON CAMILO












..."En este valle de lágrimas faltan dos cosas: salud para rebelarse y decencia para mantener la rebelión; honestamente y sin reticencias"...

C.J.C.












..."Lo único que al escritor no le está permitido es sonreír, presentarse a los concursos literarios, pedir dinero a las fundaciones y quedarse entre Pinto y Valdemoro, a mitad de camino. Si el escritor no se siente capaz de dejarse morir de hambre, debe cambiar de oficio. La verdad del escritor no coincide con la verdad de quienes reparten el oro. No quiere decirse que el oro sea menos verdad que la palabra, y sí, tan sólo, que la palabra de la verdad no se escribe con oro, sino con sangre"...

C.J.C.












..."La ley del escritor no tiene más que dos mandamientos: escribir y esperar. El cómplice del escritor es el tiempo. Y el tiempo es el implacable gorgojo que corroe y hunde la sociedad que atenaza al escritor. Nada importa nada, fuera de la verdad de cada cual. Y todavía menos que nada, debe importar la máscara de la verdad (aun la máscara de la verdad de cada cual)."...

C.J.C.















..."El escritor es bestia de aguantes insospechados, animal de resistencias sin fin, capaz de dejarse la vida –y la reputación, y los amigos, y la familia, y demás confortables zarandajas- a cambio de un fajo de cuartillas en el que pueda adivinarse su minúscula verdad (que, a veces, coincide con la minúscula y absoluta libertad exigible al hombre)... No hay más escritor comprometido que aquel que se jura fidelidad a sí mismo, que aquel que se compromete consigo mismo"...

C.J.C.











..."El escritor nada pide porque nada –ni aun voz ni pluma- necesita, y le basta con la memoria. Amordazado y maniatado, el escritor sigue siendo escritor. Y muerto, también: que su voz resuena por el último confín del desierto, y que el recuerdo de sus criaturas ahí queda"...

C.J.C.












..."La historia tiene ya el número de páginas suficientes para enseñarnos dos cosas: que jamás los poderosos coincidieron con los mejores, y que jamás la política (contra todas las apariencias) fue tejida por los políticos (meros canalizadores de la inercia histórica). El fiscal de esta inercia y de los zurriagazos de quienes quieren, vanamente, llevarla por aquí o por allá, es el escritor. El resultado nada ha de importarle. La literatura no es una charada: es una actitud."...

C.J.C.




LA CABEZA A PÁJAROS

También el ingenio puede resultar peligroso; puede resultar lo más peligroso. Nietzsche fue víctima suya. El "Ecce Homo" es un: he aquí un hombre de ingenio y por consiguiente, un hombre frívolo; frívolo por desesperación.

La sensualidad sin amor es pecado; el amor sin sensualidad es peor que pecado.

La inteligencia es el "precipitado" de la pasión.

Sólo los verdaderamente apasionados pueden ser verdaderamente fríos.

El que se emborracha en la paz es un cobarde. El que se emborracha en la guerra, sigue siendo un cobarde.

El aforismo es una dimensión figurativa del pensamiento: su sola dimensión.

Es admirable todo lo que hacen las hormigas para perder el tiempo.

El monstruo en su laberinto; y el tonto en su lío.

Detrás de un patriota hay siempre un comerciante.

Cuando se tiene la "cabeza a pájaros" hay que andarse con "pies de plomo".


JOSÉ BERGAMÍN



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LAS CONDICIONES DEL PÁJARO SOLITARIO
SEGÚN SAN JUAN DE LA CRUZ



Son las siguientes:

1.- El pájaro solitario se pone en lo más alto.

2.- Siempre orienta el pico hacia donde viene el aire.

3.- Está solo y no permite otro pájaro junto a él.

4.- Canta suave.

5.- No tiene un color determinado.




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JUAN EMILIO SANCHIS GIRBÉS

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14 abr 2008

TE DI MI VIDA ENTERA

















Julio Romero de Torres



LETANÍA DE NUESTRO SEÑOR DON QUIJOTE


Rey de los hidalgos, señor de los tristes,
que de fuerza alientas y de ensueños vistes,
coronado de áureo yelmo de ilusión;
que nadie ha podido vencer todavía,
por la adarga al brazo, toda fantasía,
y la lanza en ristre, toda corazón.

Noble peregrino de los peregrinos,
que santificaste todos los caminos
con el paso augusto de tu heroicidad,
contra las certezas, contra las conciencias
y contra las leyes y contra las ciencias,
contra la mentira, contra la verdad...

¡Caballero errante de los caballeros,
varón de varones, príncipe de fieros,
par entre los pares, maestro, salud!
¡Salud, porque juzgo que hoy muy poca tienes,
entre los aplausos o entre los desdenes,
y entre las coronas y los parabienes
y las tonterías de la multitud!

¡Tú, para quien pocas fueron las victorias
antiguas y para quien clásicas glorias
serían apenas de ley y razón,
soportas elogios, memorias, discursos,
resistes certámenes, tarjetas, concursos,
y, teniendo a Orfeo, tienes a orfeón!

Escucha, divino Rolando del sueño,
a un enamorado de tu Clavileño,
y cuyo Pegaso relincha hacia ti;
escucha los versos de estas letanías,
hechas con las cosas de todos los días
y con otras que en lo misterioso vi.

¡Ruega por nosotros, hambrientos de vida,
con el alma a tientas, con la fe perdida,
llenos de congojas y faltos de sol,
por advenedizas almas de manga ancha,
que ridiculizan el ser de la Mancha,
el ser generoso y el ser español!

¡Ruega por nosotros, que necesitamos
las mágicas rosas, los sublimes ramos
de laurel Pro nobis ora, gran señor.
¡Tiembla la floresta de laurel del mundo,
y antes que tu hermano vago, Segismundo,
el pálido Hamlet te ofrece una flor!

Ruega generoso, piadoso, orgulloso;
ruega casto, puro, celeste, animoso;
por nos intercede, suplica por nos,
pues casi ya estamos sin savia, sin brote,
sin alma, sin vida, sin luz, sin Quijote,
sin piel y sin alas, sin Sancho y sin Dios.

De tantas tristezas, de dolores tantos
de los superhombres de Nietzsche, de cantos
áfonos, recetas que firma un doctor,
de las epidemias, de horribles blasfemias
de las Academias,
¡líbranos, Señor!

De rudos malsines,
falsos paladines,
y espíritus finos y blandos y ruines,
del hampa que sacia
su canallocracia
con burlar la gloria, la vida, el honor,
del puñal con gracia,
¡líbranos, Señor!

Noble peregrino de los peregrinos,
que santificaste todos los caminos,
con el paso augusto de tu heroicidad,
contra las certezas, contra las conciencias
y contra las leyes y contra las ciencias,
contra la mentira, contra la verdad...

¡Ora por nosotros, señor de los tristes
que de fuerza alientas y de ensueños vistes,
coronado de áureo yelmo de ilusión!
¡que nadie ha podido vencer todavía,
por la adarga al brazo, toda fantasía,
y la lanza en ristre, toda corazón!


RUBEN DARÍO



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LA CARTA EN EL CAMINO

Adiós, pero conmigo
serás, irás adentro
de una gota de sangre que circule en mis venas
o fuera, beso que me abrasa el rostro
o cinturón de fuego en mi cintura.
Dulce mía, recibe
el gran amor que salió de mi vida
y que en ti no encontraba territorio
como el explorador perdido
en las islas del pan y de la miel.
Yo te encontré después
de la tormenta,
la lluvia lavó el aire
y en el agua
tus dulces pies brillaron como peces.

Adorada, me voy a mis combates.

Arañaré la tierra para hacerte
una cueva y allí tu Capitán
te esperará con flores en el lecho.
No pienses más, mi dulce,
en el tormento
que pasó entre nosotros
como un rayo de fósforo
dejándonos tal vez su quemadura.
La paz llegó también porque regreso
a luchar a mi tierra,
y como tengo el corazón completo
con la parte de sangre que me diste
para siempre,
y como
llevo
las manos llenas de tu ser desnudo,
mírame,
mírame,
mírame por el mar, que voy radiante,
mírame por la noche que navego,
y mar y noche son los ojos tuyos.
No he salido de ti cuando me alejo.
Ahora voy a contarte:
mi tierra será tuya,
yo voy a conquistarla,
no sólo para dártela,
sino que para todos,
para todo mi pueblo.
Saldrá el ladrón de su torre algún día.
Y el invasor será expulsado.
Todos los frutos de la vida
crecerán en mis manos
acostumbradas antes a la pólvora.
Y sabré acariciar las nuevas flores
porque tú me enseñaste la ternura.
Dulce mía, adorada,
vendrán conmigo a luchar cuerpo a cuerpo
porque en mi corazón viven tus besos
como banderas rojas,
y si caigo, no sólo
me cubrirá la tierra
sino este gran amor que me trajiste
y que vivió circulando en mi sangre.
Vendrás conmigo,
en esa hora te espero,
en esa hora y en todas las horas,
en todas las horas te espero.
Y cuando venga la tristeza que odio
a golpear a tu puerta,
dile que yo te espero
y cuando la soledad quiera que cambies
la sortija en que está mi nombre escrito,
dile a la soledad que hable conmigo,
que yo debí marcharme
porque soy un soldado,
y que allí donde estoy,
bajo la lluvia o bajo
el fuego,
amor mío, te espero,
te espero en el desierto más duro
y junto al limonero florecido:
en todas partes donde esté la vida,
donde la primavera está naciendo,
amor mío, te espero.
Cuando te digan «Ese hombre
no te quiere», recuerda
que mis pies están solos en esa noche, y buscan
los dulces y pequeños pies que adoro.
Amor, cuando te digan
que te olvidé, y aun cuando
sea yo quien lo dice,
cuando yo te lo diga,
no me creas,
quién y cómo podrían
cortarte de mi pecho
y quién recibiría
mi sangre
cuando hacia ti me fuera desangrando?
Pero tampoco puedo
olvidar a mi pueblo.
Voy a luchar en cada calle,
detrás de cada piedra.
Tu amor también me ayuda:
es una flor cerrada
que cada vez me llena con su aroma
y que se abre de pronto
dentro de mí como una gran estrella.

Amor mío, es de noche.

El agua negra, el mundo
dormido, me rodean.
Vendrá luego la aurora,
y yo mientras tanto te escribo
para decirte: «Te amo».
Para decirte «Te amo», cuida,
limpia, levanta,
defiende
nuestro amor, alma mía.
Yo te lo dejo como si dejara
un puñado de tierra con semillas.
De nuestro amor nacerán vidas.
En nuestro amor beberán agua.
Tal vez llegará un día
en que un hombre
y una mujer, iguales
a nosotros,
tocarán este amor, y aún tendrá fuerza
para quemar las manos que lo toquen.
Quiénes fuimos? Qué importa?
Tocarán este fuego
y el fuego, dulce mía, dirá tu simple nombre
y el mío, el nombre
que tú sola supiste porque tú sola
sobre la tierra sabes
quién soy, y porque nadie me conoció como una,
como una sola de tus manos,
porque nadie
supo cómo, ni cuándo
mi corazón estuvo ardiendo:
tan sólo
tus grandes ojos pardos lo supieron,
tu ancha boca,
tu piel, tus pechos,
tu vientre, tus entrañas
y el alma tuya que yo desperté
para que se quedara
cantando hasta el fin de la vida.

Amor, te espero.

Adiós, amor, te espero.

Amor, amor, te espero.

Y así esta carta se termina
sin ninguna tristeza:
están firmes mis pies sobre la tierra,
mi mano escribe esta carta en el camino,
y en medio de la vida estaré
siempre
junto al amigo, frente al enemigo,
con tu nombre en la boca
y un beso que jamás
se apartó de la tuya.


PABLO NERUDA



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Y CUANDO LLEGUE EL DÍA DEL ÚLTIMO VIAJE


















A. MACHADO





MI PADRE

POR JUAN SACHIS GARCÍA


“Y cuando llegue el día del último viaje. Y esté al partir la nave que nunca ha de tornar: me encontrareis a bordo ligero de equipaje. Casi desnudo, como los hijos de la mar”... Así nos abandonó mi padre esa tenebrosa noche del 10 de enero, tendido en una cama de Cuidados intensivos, cubierto únicamente por unos paños que le intentaban remitir la fiebre. De la forma que nos cuenta Machado, tan poética como igualmente triste, en uno de esos poemas que cantaba Serrat, y que sonaban continuamente en el radiocasset del RENAUL 11 en los trayectos de Valencia a Vall, para después de ser escuchados, hacernos comprender a mi hermano y a mí qué nos intentaba transmitir su autor, se encaminó a la muerte con sus ilusiones, como siempre frustradas, de poeta bohemio y de ultratumba. Ahora esas estrofas ya son parte de mi vida, pues pertenecen al recuerdo de mi padre, y a la huella que, de una u otra manera, creo que dejó en mí.

Ese día, en la desolación de la tristeza lloraron los libros de casa, sus plumas, sus cañas de pescar, sus escopetas, sus cuadernos de notas inacabados, sus ordenadores... pues nunca más serán acariciados por las manos de aquel que les dio sentido a su existencia. Los libros se amarillean y marchitan de melancolía pues nunca más serán rayados por su fiel analista, las plumas han dejado de ser tan hermosas, ya no relucen como en el pasado, las escopetas se lamentan oxidándose, los cuadernos no aceptan otra tinta que no venga de la pluma empuñada por mi padre, su ordenador no concibe que el hacedor de versos, estrofas y palabras, que el prestidigitador de cuentos y novelas con vocación de mito no pose la yema de sus blanquecinos y tiernos dedos sobre su teclado y no vaya a endulzar más la literatura. Su perra Laika lo busca infatigablemente por todos los recovecos de la casa, no entiende que no vaya a pasar más noches de vigilia en su compañía, ni ver más despuntar el alba junto a su amo, Laika no quiere creer que su partida no tenga regreso... Y hoy combate estoicamente su enfermedad hasta su último aliento y la ausencia del ser que la trajo a su hogar y que incompresiblemente un día se fue.

Propio de algún cuento suyo, mis sueños fabulan si fue el Caballero de la Blanca Luna quien disfrazándose de neumonía nos arrebató repentinamente a El Caballero de la Triste Figura, caballero de las letras, a las que tantas veces definió como Valle Inclán, “colorín, pingajo y hambre” , y a veces, como bien decía, ni tan siquiera colorín. Fue él quien derrotó su “amoroso batallar”, su locura por los libros, por los proyectos prometidos que siempre acababan maltrechos, por sus literarias utopías, y por las guerras perdidas de antemano, pues siempre fue un héroe de la derrota, fue quien le arrancó la vida pero no la honra, quien le hizo marchar sin despedida, sin justicia, porque su paso por este mundo fue desmerecido por envidias y rencores. Por eso fue incomprendido, porque fue un idealista quijotesco que nació y murió en una novela que nunca llegó a terminar de escribir. Pero como el padre que mira a su hijo en la escena final “Ladrón de Bicicletas” todavía tenía la mano cálida de nosotros, que sí le entendíamos y queríamos con todas las entrañas de nuestro ser.

El día de su sepelio, después de estar casi dos lunas sin dormir, al acostarme y cerrar mis párpados, imaginé que los dos éramos parte del poema Vencidos de León Felipe. Desde la lejanía atisbé el deambular de su triste figura, vencida, desgarbada, taciturna, cansada... como el Quijote que fue, y que fielmente representaba el vencimiento del caballero, es su otro yo, por eso encaja en todos y cada uno de los versos del hermoso poema, pues ya no alberga ilusiones, ni fantasías, ni sueños... la derrota , en esta ocasión, ha sido definitiva, y sin fuerzas y totalmente desvalido, cruza y se diluye en el crepuscular horizonte de la manchega llanura, iniciando su travesía hacia la lúgubre y mortecina obscuridad del infinito. Entonces, en ese instante, en esa hora de desaliento yo, su hijo Juan, también vencido y exhausto, soy la reencarnación del poeta que lo observa y lo ve pasar, y al igual que él, quiero compartir la solitaria amargura de su derrota, quiero ser un perdedor digno y altivo que nunca pueda ser humillado, quiero que sus heridas broten en mi cuerpo, quiero que se incruste su estigma en lo más profundo y hondo de mi alma... pero es sólo un llanto, un llanto de desesperanza al vacío, porque ya no me escucha... aunque cuando el desánimo empieza a cautivarme ante la carencia de su respuesta, una ligera brisa acompaña una tenue voz que dice: “Acaba lo que yo no pude acabar, porque la justicia póstuma también es justicia”.

La madrugada de su adiós, de vuelta a casa, mi madre vio una esfera luminosa surcar la tragedia de la noche. Era el espíritu alado que exhaló su cuerpo con un último cometido: ¡GALOPAR POR LAS TIERRAS DE ESPAÑA!, ¡cual jinete albertiano!, ¡cual caballo cuatralbo!. Bajo la luz estelar de un cometa atravesó el enigma de esa España que tanto amó y que tantas veces lo vio vagar en penumbra, esa misma tierra de España de la que ya es parte. Quiso ver por última vez su infancia en el Río Verde de Masalavés, en la Plaza de Toros portátil de Algemesí, por sus Escolapios de niñez... su madurez, por las procesiones de Semana Santa de Málaga y Cartagena que tanto le conmovían, por las imperativas llanuras de la Mancha, por las tertulias del Café Gijón de Madrid y de Els Quatre Gats de Barcelona, por toda la Andalucía mora, Granada, Córdoba, Sevilla, por las tierras celianas y valleinclanianas de Galicia, por los latifundios de Extremadura, por el vetusto Oviedo de Clarín, por el Ebro aragonés... por toda su Piel de Toro, aguardando visitar por último la Fuente Larga de Vall de Almonacid que vio crecer su literatura. Es ahora cuando entiendo su sino, como la hija de la película “El sur” que comprende el sentido de la vida de su progenitor cuando éste fenece. A ello, uno el recuerdo de una conversación pasada, de antaño:

“-¿Tú sabes por qué escribo?”.

Entonces yo le pregunté: “-¿Por qué?”.

“-Porque quiero vehementemente a España”.

Y es en este momento, a mis 30 años y medio de existencia, después de enfrentarme a la soledad del papel en blanco para escribir estas líneas y después de ver como le llegaba a mi padre “la tercera herida”, la de la muerte, tratando de encajar la embestida más dura y traicionera que me ha dado esto que llamamos vida, a la que comparo con un eterno y poético combate de boxeo, “golpe a golpe, verso a verso...” , como púgil de la vida y de la muerte que soy, aguardo irremediablemente la llegada de las tres heridas.


JUAN SANCHIS GARCÍA

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ARQUITECTO DE SENTIMIENTOS






















M. C. ESCHER







COPLAS DE DON JORGE MANRIQUE POR LA MUERTE DE SU PADRE

I

Recuerde el alma dormida,
avive el seso e despierte
contemplando
cómo se passa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el plazer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parescer,
cualquiere tiempo passado
fue mejor.

II

Pues si vemos lo presente
cómo en un punto s'es ido
e acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo non venido
por passado.
Non se engañe nadi, no,
pensando que ha de durar
lo que espera
más que duró lo que vio,
pues que todo ha de passar
por tal manera.

III

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
qu'es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
e consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
e más chicos,
allegados, son iguales
los que viven por sus manos
e los ricos.

INVOCACIÓN

IV

Dexo las invocaciones
de los famosos poetas
y oradores;
non curo de sus ficciones,
que traen yerbas secretas
sus sabores.
Aquél sólo m'encomiendo,
Aquél sólo invoco yo
de verdad,
que en este mundo viviendo,
el mundo non conoció
su deidad.

V

Este mundo es el camino
para el otro, qu'es morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nascemos,
andamos mientra vivimos,
e llegamos
al tiempo que feneçemos;
assí que cuando morimos,
descansamos.

VI

Este mundo bueno fue
si bien usásemos dél
como debemos,
porque, segund nuestra fe,
es para ganar aquél
que atendemos.
Aun aquel fijo de Dios
para sobirnos al cielo
descendió
a nescer acá entre nos,
y a vivir en este suelo
do murió.

VII

Si fuesse en nuestro poder
hazer la cara hermosa
corporal,
como podemos hazer
el alma tan glorïosa
angelical,
¡qué diligencia tan viva
toviéramos toda hora
e tan presta,
en componer la cativa,
dexándonos la señora
descompuesta!

VIII

Ved de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos
y corremos,
que, en este mundo traidor,
aun primero que muramos
las perdemos.
Dellas deshaze la edad,
dellas casos desastrados
que acaeçen,
dellas, por su calidad,
en los más altos estados
desfallescen.

IX

Dezidme: La hermosura,
la gentil frescura y tez
de la cara,
la color e la blancura,
cuando viene la vejez,
¿cuál se para?
Las mañas e ligereza
e la fuerça corporal
de juventud,
todo se torna graveza
cuando llega el arrabal
de senectud.

X

Pues la sangre de los godos,
y el linaje e la nobleza
tan crescida,
¡por cuántas vías e modos
se pierde su grand alteza
en esta vida!
Unos, por poco valer,
por cuán baxos e abatidos
que los tienen;
otros que, por non tener,
con oficios non debidos
se mantienen.

XI

Los estados e riqueza,
que nos dexen a deshora
¿quién lo duda?,
non les pidamos firmeza.
pues que son d'una señora;
que se muda,
que bienes son de Fortuna
que revuelven con su rueda
presurosa,
la cual non puede ser una
ni estar estable ni queda
en una cosa.

XII

Pero digo c'acompañen
e lleguen fasta la fuessa
con su dueño:
por esso non nos engañen,
pues se va la vida apriessa
como sueño,
e los deleites d'acá
son, en que nos deleitamos,
temporales,
e los tormentos d'allá,
que por ellos esperamos,
eternales.

XIII

Los plazeres e dulçores
desta vida trabajada
que tenemos,
non son sino corredores,
e la muerte, la çelada
en que caemos.
Non mirando a nuestro daño,
corremos a rienda suelta
sin parar;
desque vemos el engaño
y queremos dar la vuelta
no hay lugar.

XIV

Esos reyes poderosos
que vemos por escripturas
ya passadas
con casos tristes, llorosos,
fueron sus buenas venturas
trastornadas;
assí, que no hay cosa fuerte,
que a papas y emperadores
e perlados,
assí los trata la muerte
como a los pobres pastores
de ganados.

XV

Dexemos a los troyanos,
que sus males non los vimos,
ni sus glorias;
dexemos a los romanos,
aunque oímos e leímos
sus hestorias;
non curemos de saber
lo d'aquel siglo passado
qué fue d'ello;
vengamos a lo d'ayer,
que también es olvidado
como aquello.

XVI

¿Qué se hizo el rey don Joan?
Los infantes d'Aragón
¿qué se hizieron?
¿Qué fue de tanto galán,
qué de tanta invinción
como truxeron?
¿Fueron sino devaneos,
qué fueron sino verduras
de las eras,
las justas e los torneos,
paramentos, bordaduras
e çimeras?

XVII

¿Qué se hizieron las damas,
sus tocados e vestidos,
sus olores?
¿Qué se hizieron las llamas
de los fuegos encendidos
d'amadores?
¿Qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas
que tañían?
¿Qué se hizo aquel dançar,
aquellas ropas chapadas
que traían?

XVIII

Pues el otro, su heredero
don Anrique, ¡qué poderes
alcançaba!
¡Cuánd blando, cuánd halaguero
el mundo con sus plazeres
se le daba!
Mas verás cuánd enemigo,
cuánd contrario, cuánd cruel
se le mostró;
habiéndole sido amigo,
¡cuánd poco duró con él
lo que le dio!

XIX

Las dávidas desmedidas,
los edeficios reales
llenos d'oro,
las vaxillas tan fabridas
los enriques e reales
del tesoro,
los jaezes, los caballos
de sus gentes e atavíos
tan sobrados
¿dónde iremos a buscallos?;
¿qué fueron sino rocíos
de los prados?

XX

Pues su hermano el innocente
qu'en su vida sucesor
se llamó
¡qué corte tan excellente
tuvo, e cuánto grand señor
le siguió!
Mas, como fuesse mortal,
metióle la Muerte luego
en su fragua.
¡Oh jüicio divinal!,
cuando más ardía el fuego,
echaste agua.

XXI

Pues aquel grand Condestable,
maestre que conoscimos
tan privado,
non cumple que dél se hable,
mas sólo como lo vimos
degollado.
Sus infinitos tesoros,
sus villas e sus lugares,
su mandar,
¿qué le fueron sino lloros?,
¿qué fueron sino pesares
al dexar?

XXII

E los otros dos hermanos,
maestres tan prosperados
como reyes,
c'a los grandes e medianos
truxieron tan sojuzgados
a sus leyes;
aquella prosperidad
qu'en tan alto fue subida
y ensalzada,
¿qué fue sino claridad
que cuando más encendida
fue amatada?

XXIII

Tantos duques excelentes,
tantos marqueses e condes
e varones
como vimos tan potentes,
dí, Muerte, ¿dó los escondes,
e traspones?
E las sus claras hazañas
que hizieron en las guerras
y en las pazes,
cuando tú, cruda, t'ensañas,
con tu fuerça, las atierras
e desfazes.

XXIV

Las huestes inumerables,
los pendones, estandartes
e banderas,
los castillos impugnables,
los muros e balüartes
e barreras,
la cava honda, chapada,
o cualquier otro reparo,
¿qué aprovecha?
Cuando tú vienes airada,
todo lo passas de claro
con tu flecha.

XXV

Aquel de buenos abrigo,
amado, por virtuoso,
de la gente,
el maestre don Rodrigo
Manrique, tanto famoso
e tan valiente;
sus hechos grandes e claros
non cumple que los alabe,
pues los vieron;
ni los quiero hazer caros,
pues qu'el mundo todo sabe
cuáles fueron.

XXVI

Amigo de sus amigos,
¡qué señor para criados
e parientes!
¡Qué enemigo d'enemigos!
¡Qué maestro d'esforçados
e valientes!
¡Qué seso para discretos!
¡Qué gracia para donosos!
¡Qué razón!
¡Qué benino a los sujetos!
¡A los bravos e dañosos,
qué león!

XXVII

En ventura, Octavïano;
Julio César en vencer
e batallar;
en la virtud, Africano;
Aníbal en el saber
e trabajar;
en la bondad, un Trajano;
Tito en liberalidad
con alegría;
en su braço, Aureliano;
Marco Atilio en la verdad
que prometía.

XXVIII

Antoño Pío en clemencia;
Marco Aurelio en igualdad
del semblante;
Adriano en la elocuencia;
Teodosio en humanidad
e buen talante.
Aurelio Alexandre fue
en desciplina e rigor
de la guerra;
un Constantino en la fe,
Camilo en el grand amor
de su tierra.

XXIX

Non dexó grandes tesoros,
ni alcançó muchas riquezas
ni vaxillas;
mas fizo guerra a los moros
ganando sus fortalezas
e sus villas;
y en las lides que venció,
cuántos moros e cavallos
se perdieron;
y en este oficio ganó
las rentas e los vasallos
que le dieron.

XXX

Pues por su honra y estado,
en otros tiempos passados
¿cómo s'hubo?
Quedando desamparado,
con hermanos e criados
se sostuvo.
Después que fechos famosos
fizo en esta misma guerra
que hazía,
fizo tratos tan honrosos
que le dieron aun más tierra
que tenía.

XXXI

Estas sus viejas hestorias
que con su braço pintó
en joventud,
con otras nuevas victorias
agora las renovó
en senectud.
Por su gran habilidad,
por méritos e ancianía
bien gastada,
alcançó la dignidad
de la grand Caballería
dell Espada.

XXXII

E sus villas e sus tierras,
ocupadas de tiranos
las halló;
mas por çercos e por guerras
e por fuerça de sus manos
las cobró.
Pues nuestro rey natural,
si de las obras que obró
fue servido,
dígalo el de Portogal,
y, en Castilla, quien siguió
su partido.

XXXIII

Después de puesta la vida
tantas vezes por su ley
al tablero;
después de tan bien servida
la corona de su rey
verdadero;
después de tanta hazaña
a que non puede bastar
cuenta cierta,
en la su villa d'Ocaña
vino la Muerte a llamar
a su puerta,

XXXIV

diziendo: "Buen caballero,
dexad el mundo engañoso
e su halago;
vuestro corazón d'azero
muestre su esfuerço famoso
en este trago;
e pues de vida e salud
fezistes tan poca cuenta
por la fama;
esfuércese la virtud
para sofrir esta afruenta
que vos llama."

XXXV

"Non se vos haga tan amarga
la batalla temerosa
qu'esperáis,
pues otra vida más larga
de la fama glorïosa
acá dexáis.
Aunqu'esta vida d'honor
tampoco no es eternal
ni verdadera;
mas, con todo, es muy mejor
que la otra temporal,
peresçedera."

XXXVI

"El vivir qu'es perdurable
non se gana con estados
mundanales,
ni con vida delectable
donde moran los pecados
infernales;
mas los buenos religiosos
gánanlo con oraciones
e con lloros;
los caballeros famosos,
con trabajos e aflicciones
contra moros."

XXXVII

"E pues vos, claro varón,
tanta sangre derramastes
de paganos,
esperad el galardón
que en este mundo ganastes
por las manos;
e con esta confiança
e con la fe tan entera
que tenéis,
partid con buena esperança,
qu'estotra vida tercera
ganaréis."

[Responde el Maestre:]

XXXVIII

"Non tengamos tiempo ya
en esta vida mesquina
por tal modo,
que mi voluntad está
conforme con la divina
para todo;
e consiento en mi morir
con voluntad plazentera,
clara e pura,
que querer hombre vivir
cuando Dios quiere que muera,
es locura."

[Del maestre a Jesús]

XXXIX

"Tú que, por nuestra maldad,
tomaste forma servil
e baxo nombre;
tú, que a tu divinidad
juntaste cosa tan vil
como es el hombre;
tú, que tan grandes tormentos
sofriste sin resistencia
en tu persona,
non por mis merescimientos,
mas por tu sola clemencia
me perdona".

FIN

XL

Assí, con tal entender,
todos sentidos humanos
conservados,
cercado de su mujer
y de sus hijos e hermanos
e criados,
dio el alma a quien gela dio
(el cual la ponga en el cielo
en su gloria),
que aunque la vida perdió,
dexónos harto consuelo
su memoria.

Jorge Manrique, 1477



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UNA ESTRELLA FUGAZ























LA SAETA


¿Quién me presta una escalera
para subir al madero,
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?

Saeta popular


¡Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar!
¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!
¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!


ANTONIO MACHADO



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LIMBO

La plaza sola (gris el aire,
negros los árboles, la tierra
manchada por la nieve),
parecía, no realidad, mas copia
triste sin realidad. Entonces,
ante el umbral, dijiste:
viviendo aquí serías
fantasma de ti mismo.

Inhóspita en su adorno
parsimonioso, porcelanas, bronces,
muebles chinos, la casa
oscura toda era,
pálidas sus ventanas sobre el río,
y el color se escondía
en un retablo español, en un lienzo
francés, su brío amedrentado.

Entre aquellos despojos,
proyecto, el dueño estaba
sentado junto a su retrato
por artista a la moda en años idos,
imagen fatua y fácil
del dilettante, divertido entonces
comprando lo que una fe creara
en otro tiempo y otra tierra.

Allí con sus iguales,
damas imperativas bajo sus afeites,
caballeros seguros de sí mismos,
rito social cumplía,
y entre el diálogo moroso,
tú oyendo alguien me dijo: "Me ofrecieron
la primera edición de un poeta raro,
y la he comprado", tu emoción callaste.

Así, pensabas, el poeta
vive para esto, para esto
noches y días amargos, sin ayuda
de nadie, en la contienda
adonde, como el fénix, muere y nace,
para que años después, siglos
después, obtenga al fin el displicente
favor de un grande en este mundo.

Su vida ya puede excusarse,
porque ha muerto del todo;
su trabajo ahora cuenta,
domesticado para el mundo de ellos,
como otro objeto vano,
otro ornamento inútil;
y tú cobarde, mudo
te despediste ahí, como el que asiente,
más allá de la muerte, a la injusticia.

Mejor la destrucción, el fuego.


LUIS CERNUDA



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RIMA LXXI

No dormía: vagaba en ese limbo
en que cambian de forma los objetos,
misteriosos espacios que separan
la vigilia del sueño.

Las ideas que en ronda silenciosa
daban vueltas en torno a mi cerebro,
poco a poco en su danza se movían
con un compás más lento.

De la luz que entra al alma por los ojos
los párpados velaban el reflejo;
mas otra luz el mundo de visiones
alumbraba por dentro.

En este punto resonó en mi oído
un rumor semejante al que en el templo
vaga confuso al terminar los fieles
con un Amén sus rezos.

Y oí como una voz delgada y triste
que por mi nombre me llamó a lo lejos,
¡y sentí olor de cirios apagados,
de humedad y de incienso!

Entró la noche y del olvido en brazos
caí cual piedra en su profundo seno.
Dormí y al despertar exclamé: —¡Alguno
que yo quería ha muerto!


GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER




GENIO Y FIGURA























FRANCISCO TÁRREGA




"Como la flor aún marchita y destruida deja su perfume donde estuvo encerrada, así la persona virtuosa, aún muerta, deja su recuerdo entre aquellos que le rodearon".

A. S. G.



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Ágape


Hoy no ha venido nadie a preguntar;
ni me han pedido en esta tarde nada.

No he visto ni una flor de cementerio
en tan alegre proseción de luces.
Perdóname, Señor: qué poco he muerto!

En esta tarde todos, todos pasan
sin preguntarme ni pedirme nada.

Y no sé qué se olvidan y se queda
mal en mis manos, como cosa ajena.

He salido a la puerta
y me da ganas de gritar a todos:
Si echan de menos algo, aquí se queda!

Porque en todas las tardes de esta vida,
yo no sé con qué puertas dan a un rostro,
y algo ajeno se toma el alma mía.

Hoy no ha venido nadie;
y hoy he muerto qué poco en esta tarde!


CÉSAR VALLEJO



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DONDE HABITE EL OLVIDO


Donde habite el olvido,
en los vastos jardines sin aurora;
donde yo sólo sea
memoria de una piedra sepultada entre ortigas
sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje
al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
donde el deseo no exista.

En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
no esconda como acero
en mi pecho su ala,
sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
sometiendo a otra vida su vida,
sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
disuelto en niebla, ausencia,
ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;
donde habite el olvido.


LUIS CERNUDA



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CÍRCULO VITAL



















J. TWACHMAN



CARTA A MI PRIMO DEL ALMA


POR XELO GIRBÉS


Cojo el lápiz para explicarte cómo me siento y no puedo contener mis lágrimas, ¡tampoco quiero! Y no sé si voy a poder hacerlo, pues no tengo la sabiduría que tenías tú con la pluma, pero sé que tengo el corazón roto, esa parte del cuerpo que no se ve, que se llama alma, destrozada.

Muchas veces me decías que de pequeño te había salvado la vida, que aún recordabas aquellas aguas mugrientas y malolientes y mis manos agarrándote y sacándote de ellas… ¿Qué no hubiera hecho yo ahora por dártela otra vez? Pero ahora ha podido más Dios que todos los que te queríamos. Tu corazón estaba demasiado cansado, ¡lo comprendo!

Recuerdo las horas largas en que tu madre y yo hablábamos de tu hermano y de ti. ¿Habrá querido ella tenerte allá arriba a su lado?

¡Perdóname!, por no haberte comprendido cuando me contabas tus cosas, tus ansias por la escritura. Lo mucho que admirabas a Cervantes, Machado, Ortega, Cela, Blasco Ibáñez… un sin fin de poetas y escritores a los que estudiabas horas y horas y recorrías los sitios deonde habían estado o estaban porque algunos aún vivían.

…Pero ya sabes, éste mundo tampoco lo ha hecho, sé que eras un gran escritor; pienso y quiero creer que allá donde has entrado ahora será mucho más justo, que allí comprenderán a todos.

Siempre te querré, no te olvidaré nunca y estarás conmigo. ¡Mi primo del Alma!


XELO GIRBÉS

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Esta obra está bajo una
licencia de Creative Commons.



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ROMERO SÓLO...

Ser en la vida romero,
romero sólo que cruza siempre por caminos nuevos.

Ser en la vida romero,
sin más oficio, sin otro nombre y sin pueblo.

Ser en la vida romero, romero..., sólo romero.

Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo,
pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,
ligero, siempre ligero.

Que no se acostumbre el pie a pisar el mismo suelo,
ni el tablado de la farsa, ni la losa de los templos
para que nunca recemos
como el sacristán los rezos,
ni como el cómico viejo
digamos los versos.

La mano ociosa es quien tiene más fino el tacto en los dedos,
decía el príncipe Hamlet, viendo
cómo cavaba una fosa y cantaba al mismo tiempo
un sepulturero.

No sabiendo los oficios los haremos con respeto,
para enterrar a los muertos
como debemos
cualquiera sirve, cualquiera... menos un sepulturero.

Un día todos sabemos
hacer justicia, tan bien como el rey hebreo
la hizo Sancho el escudero
y el villano Pedro Crespo.

Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo.

Pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,
ligero, siempre ligero.

Sensibles a todo viento
y bajo todos los cielos,
poetas, nunca cantemos
la vida de un mismo pueblo
ni la flor de un solo huerto.

Que sean todos lo pueblos
y todos los huertos nuestros.

LEÓN FELIPE



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COMO TÚ...

Así es mi vida,
piedra,
como tú. Como tú,
piedra pequeña;
como tú,
piedra ligera;
como tú,
canto que ruedas
por las calzadas
y por las veredas;
como tú,
guijarro humilde de las carreteras;
como tú,
que en días de tormenta
te hundes
en el cieno de la tierra
y luego
centelleas
bajo los cascos
y bajo las ruedas;
como tú, que no has servido
para ser ni piedra
de una lonja,
ni piedra de una audiencia,
ni piedra de un palacio,
ni piedra de una iglesia;
como tú,
piedra aventurera;
como tú,
que tal vez estás hecha
sólo para una honda,
piedra pequeña
y
ligera...


LEÓN FELIPE



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SÉ TODOS LOS CUENTOS


Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre...
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos...
y sé todos los cuentos.


LEÓN FELIPE



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LAS MOSCAS


Vosotras, las familiares

inevitables golosas,

vosotras, moscas vulgares

me evocáis todas las cosas.



¡Oh, viejas moscas voraces

como abejas en abril,

viejas moscas pertinaces

sobre mi calva infantil!



Moscas de todas las horas

de infancia y adolescencia,

de mi juventud dorada;

de esta segunda inocencia,

que da en no creer en nada,

en nada.



¡Moscas del primer hastío

en el salón familiar,

las claras tardes de estío

en que yo empecé a soñar!



Y en la aborrecida escuela

raudas moscas divertidas,

perseguidas, perseguidas

por amor de lo que vuela.



Yo sé que os habéis posado

sobre el juguete encantado,

sobre el librote cerrado,

sobre la carta de amor,

sobre los párpados yertos

de los muertos.



Inevitables golosas,

que ni labráis como abejas,

ni brilláis cual mariposas;

pequeñitas, revoltosas,

vosotras, amigas viejas,

me evocáis todas las cosas.



ANTONIO MACHADO. SOLEDADES.



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SANCHO, ESCUDERO























PICASSO



"La libertad, Sancho, es uno de los más preciados dones que a los hombres dieron
los cielos, con ella no pueden igualarse los tesoros que la tierra encierra y la mar encubre. Por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida".

MIGUEL DE CERVANTES



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DUENDECILLOS Y COPLAS


LA VIDA es nuestra pasión.
La verdad, nuestra razón.

(Cuando de verdad queremos –lo que de
vida soñamos –la verdad, la padecemos-
la vida, la razonamos).

La vida es nuestra razón.
La verdad, nuestra pasión.


***


NO SOY ahora ni aquí.
No tengo tiempo ni sitio.
No me quedo ni me voy.
No estoy sin ti ni contigo.
No tengo nunca ni siempre.
No soy el fin ni el principio.
No te encuentro ni te busco.
No te huyo ni te sigo.
No, no, no, no, no, no, no…
No será lo que no ha sido.
-Pues dime, ¿quién eres tú
si no eres otro ni el mismo?
-Soy lo que no tiene nombre:
Lo que no tiene sentido.
-Ahora sí que te conozco:
eres mi mejor amigo.


***


CUANDO el lenguaje es llama
que juega con su sombra,
media palabra basta,
muchas palabras sobran.


***


EL HOMBRE desde que nace
le va huyendo a su destino:
y por querer escapar
le va abriendo más caminos.


***


LA VIDA, cabe en un cuento.
La verdad en un decir.
El mundo en un pensamiento.


***


¿POR QUÉ te importa a ti el nombre
si un nombre nunca es un alma?
Mis amigos son los árboles
y no sé cómo se llaman.


***


VIVIR no es peregrinar.
La vida no es un camino
por el que tengas que andar
lo mismo que un peregrino.

La vida es como la mar:
sobre las olas y el viento
no se puede caminar.

Oye al latino cantar:
“lo que importa no es vivir:
lo que importa es navegar”.


***


PROCURA que tus maestros
no sean nunca los vivos
que no escuchan a los muertos.


***


PARA el gato, un cascabel.
Para el ratón, una trampa.
Para el querer, una puerta.
Para el sueño, una ventana.

Para la muerte, una cruz.
Para la cruz, una raya.
Para la raya, una sombra.
Para la sombra, un fantasma.
Para el silencio, una voz.
Para la voz, una máscara.
Para la máscara, un rostro.
Para el rostro, una mirada.
Para la mirada, un mundo.
Para el mundo, una palabra.
Para la palabra, un hombre.
Para el hombre, un nombre: nada.


JOSÉ BERGAMÍN



********************




COPLAS


LA MUERTE lo conocía
desde que lo vio nacer:
por eso no lo quería.
(Se lo llevó sin querer).


***


LA VERDAD de las palabras
no es verdad por lo que dicen:
es verdad por lo que callan.

Si los silencios no hablaran
nadie podría decir
lo que callan las palabras.


***


LA LLAMA tiembla en el aire.
La sombra tiembla en la llama.
El alma tiembla en la luz.
Y la luz en tu mirada.
La estrella tiembla en el cielo.
y su reflejo en el agua.
Está temblando la noche
de silencio enmascarada.
Tiembla el silencio en la voz
y la voz en las palabras.
Todo lo que vive tiembla,
y cuando tiembla, se calla.
Una silenciosa música
el pensamiento transpasa,
y tiembla en el corazón
temeroso de escucharla.


JOSÉ BERGAMÍN



********************




RIMAS


NUESTRO encuentro fue el encuentro
de no poderse encontrar,
encuentro de cielo y tierra;
encuentro de viento y mar;

encuentro de luz y sombra,
de sueño y de realidad;
encuentro de hielo y llama,
de tiempo y de eternidad.

Que un cuerpo y un alma juntos
no se pueden separar;
se encuentran en el encuentro
de no poderse encontrar.


***


UNA VOZ que no encuentra
aposento en el aire
es una voz perdida
que no oye nunca nadie.

Su sonido se apaga
en los ecos distantes.
Y las sombras se llevan
sus palabras errantes.


***


SOY COMO el eco que a tu voz responde,
como la sombra que a tu cuerpo sigue,
como el espejo que tu rostro esconde.

Soy como el parecer que al ser convierte
en aparente sueño de la vida,
espejo, sombra y eco de la muerte.


JOSÉ BERGAMÍN



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ÉRASE UNA VEZ... UN LOBITO


Érase una vez
un lobito bueno
al que maltrataban
todos los corderos.

Y había también
un príncipe malo,
una bruja hermosa
y un pirata honrado.

Todas estas cosas
había una vez
cuando yo soñaba
un mundo al revés.


JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO



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